Así se ha diseñado el complot del ultra españolismo calumnia ahora al presidente Quim Torra, para destruirlo social y humanamente, acusándolo de racista y de xenófobo aunque todo el mundo sepa que es mentira


REPÚBLICA BELGA (86)

Así se ha diseñado el complot contra Torra

Jordi Galves
Barcelona. Sábado, 26 de mayo de 2018
La estrategia del españolismo en Catalunya es: repetir constantemente en los medios de comunicación que el independentismo es minoritario y después apuñalarlo por la espalda para que pierda toda su sangre. Bloquearlo y difamarlo políticamente hasta conseguir que, de hecho, la reciente victoria electoral de Carles Puigdemont no sirva para nada, que quede bloqueada y fuera de servicio, que los de la bandera estrellada se olviden un tiempo de la independencia y sólo se dediquen a intentar parar los golpes que les están llegando por todos lados. Para seguir esta estrategia el españolismo se provee de presos políticos y por eso calumnia ahora al presidente Quim Torra, para destruirlo social y humanamente, acusándolo de racista y de xenófobo aunque todo el mundo sepa que es mentira, mera maledicencia. Tanto da que algunos dirigentes, como el alcalde socialista de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, discrepen de esta conspiración indigna y antidemocrática. La acusación de racismo es muy potente, políticamente carnicera, y puede llegar a engañar a algunas personas fácilmente manipulables por una propaganda constante; puede engañar a personas sensibles y bienintencionadas con una viva preocupación moral, con una idea bastante ingenua de lo que, en realidad, puede llegar a hacer la política de Estado y que desconocen el inmenso poder de falsificación que puede llegar a alcanzar.

De antirracismo hay de muchos tipos y formas, y no sólo es una ideología y un conjunto de actitudes que combaten la discriminación de los seres humanos por motivos étnicos. También puede ser un mecanismo interesado en estigmatizar y expulsar de la sociedad a todas aquellas personas que, por motivos políticos, se han convertido en incómodas en las sociedades abiertas y democráticas. Hoy ya no podemos marginar a nadie acusándolo de raza inferior, afortunadamente, pero sí que podemos marginarlo y destruirlo civilmente si se le acusa de racista. Existe un antirracismo, como por ejemplo el de Ciudadanos, que no se preocupa ni poco ni nada de los inmigrantes que se ahogan cada día en el Mediterráneo, ni de los abusos contra los colectivos humanos con una pigmentación cutánea diferente a la habitual en nuestro país. Es un antirracismo discrecional y cínico, a la carta, que sólo se manifiesta frente a los artículos y a los tuits del presidente Torra antes de que fuera nombrado presidente. Es un falso antirracismo que sólo engaña a la pánfila de Ada Colau. Mi maestro Jean-François Revel afirmó que: “como todas las ideologías, la del antirracismo no tiene la finalidad de estar al servicio de las personas que pretende liberar, lo que en realidad quiere es esclavizar a las personas que proyecta enrolar en sus filas. (...) 

Actuando a través del terror y no de la razón, este antirracismo fabrica más racistas de los que cura. (...) El antirracismo ideológico, que hay que distinguir cuidadosamente del antirracismo efectivo y sincero, instiga las divisiones entre los seres humanos en nombre de la fraternidad que proclama.” Es en este sentido que el antirracismo de la extrema derecha de Ciudadanos se puede comparar justamente al antirracismo del terrorismo islamista, de extrema derecha. No es necesario que pongan bombas para que sean lo mismo. Es un antirracismo que no sirve para la concordia entre los seres humanos ni para arrancar de nuestra sociedad la lacra del racismo sino sólo para censurar políticamente a personas y para montar cacerías de brujas. La tolerancia que defienden los políticos de Ciudadanos es calcada de la idea de tolerancia de la extrema derecha islamista y de la de Le Pen. 

“Es de sentido único, explica el filósofo Jean-François Revel, es la que los musulmanes exigen exclusivamente sólo para ellos y que nunca utilizan cuando se trata de los demás.” En el territorio de lo políticamente correcto es donde hoy se extiende libremente la mancha venenosa de la extrema derecha europea. Se presenta como una ideología moderada y sensata cuando, en realidad, es compañera de viaje de la intolerancia extremista, sobre la que nunca dicen nada. La extrema derecha de hoy es más astuta que la de antañazo y ya no viste camisas negras o azul mahón ni realiza desfiles paramilitares. Lo que hace es presentarse engañosamente, hipócritamente, como defensora de la virtud y de la democracia. No tiene más remedio. Nuestra sociedad hoy es la más bienpensante y moralista de toda la historia y, en cambio, todo el mundo puede ver a qué niveles de bondad real hemos llegado entre todos. Buscando buscando ingenuamente el bien absoluto acabaremos encontrando, si continuamos así, el mal absoluto. Nuestra sociedad —y también la ultraderecha que se camufla en ella— no cesa de llenarse la boca de solidaridad, de ayuda humanitaria, de procesos de paz, de tolerancia, de exclusión de la exclusión, de castigo contra la violación de los derechos humanos, de condenas a los crímenes contra la humanidad. Se producen cambios en el derecho internacional como las órdenes internacionales de búsqueda y captura, que en teoría deberían servir para extraditar a presuntos culpables de graves crímenes contra la sociedad y, en realidad, se utilizan para castigar a raperos que no han hecho otra cosa que socializar su rabia, su impotencia ante la injusticia. Sí, efectivamente, la conspiración contra el presidente Quim Torra es un complot ideológico de la ultraderecha.

https://www.elnacional.cat/es/opinion/disenado-complot-torra_272049_102.html

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