dijous, 26 de juliol de 2018

La Isleña, tradición de pasta elaborada en las Islas Canarias 00:44 02:15 Foto Fotografía: Canarias En Hora 28/05/2016 - 20:42 La fábrica familiar ubicada en Arucas lleva desde 1890 llenando las despensas de los hogares isleños

La Isleña, tradición de pasta elaborada en las Islas Canarias


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Foto Fotografía: Canarias En Hora


La fábrica familiar ubicada en Arucas lleva desde 1890 llenando las despensas de los hogares isleños


Pensar en La Isleña es sinónimo de pasta y chocolates, una tradición que lleva a cabo la familia Megías desde hace 126 años. Macarrones, espaghettis y chocolates son algunos de sus productos más reconocidos y que, con total seguridad, llenan las despensas de los hogares canarios. Una tradición que perdura con el paso de los años, adaptándose a las demandas de los consumidores, manteniendo sus raíces originales.

Fue en 1870 cuando Gabriel Megías Santana fundó una pequeña empresa en pleno centro de Arucas bajo el nombre de Molinería de Gofio, pasándose a llamar La Isleña varios años más tarde. Sin embargo, su sucesor 33 años después, Gabriel Megías Fernández, prescinde del antiguo molino de gofio y centra la producción en el chocolate y las pastas alimenticias.

Operarios de La Isleña empaquetando los productos finalizados. / Iris Alemany.

Operarios de La Isleña empaquetando los productos finalizados. / Iris Alemany.



La Isleña siempre ha estado gestionada por la familia Megías, manteniendo su compromiso con los consumidores canarios. Una tradición que le valió, en 1901, el título de proveedor de la Real Casa.
En la actualidad, La Isleña alcanza todo el ámbito territorial del Archipiélago, siendo líderes en el sector con sus pastas alimenticias. Entre sus productos se encuentra una amplia gama de pastas cortas o macarrones (espirales, estrellas, conchas…) y pastas largas (tallarines y spaghetti).
La Isleña también es reconocida por el público canario por sus chocolates, en todas sus variantes: las tabletas, el Islacao como referente de cacao instantáneo y el Islacao con Gofio
Sin embargo, La Isleña también es reconocida por el público canario por sus chocolates, en todas sus variantes: las tabletas, el Islacao como referente de cacao instantáneo y el Islacao con Gofio. Durante estos 126 años, la empresa ha conseguido consolidarse en el mercado como líderes de ventas en el sector.
La empresa da empleo a 50 trabajadores, que desempeñan una gran labor en el mantenimiento de la organización y la familia en la que se ha convertido La Isleña. Este es, sin duda, uno de sus principales baluartes, ya que son ellos quienes mejor conocen su funcionamiento y quienes aportan una gran parte de propuestas para mejorar los productos que se crean en las instalaciones.

Los spaghettis requieren un proceso de secado de hasta 13 horas antes de ser empaquetada. / Iris Alemany.

Los spaghettis requieren un proceso de secado de hasta 13 horas antes de ser empaquetada. / Iris Alemany.


¿Cómo se fabrican las pastas La Isleña?
Las materias primas principales de estos productos son la sémola de trigo y el agua. La primera se recibe diariamente en la fábrica en contenedores de 22.000 kilos que se almacenan en los tres silos con los que cuenta la empresa, con capacidad para 71.000 kilos cada uno.
Tras su almacenamiento, se ponen en marcha las tres líneas de producción de las que se disponen, de las que una es para pasta larga y dos son para pasta corta, en todas sus variantes. Es el momento de comenzar con la elaboración del producto.
Tras su almacenamiento, se ponen en marcha las tres líneas de producción de las que se disponen, de las que una es para pasta larga y dos son para pasta corta
La sémola es enviada a las prensas de cada una de las líneas de producción para iniciar este proceso de fabricación que se da con el amasado de la sémola con el agua. De ahí se obtiene una masa de cuerpo elástico que permite su moldeado para poder dar la forma requerida a la pasta, según el producto que se vaya a elaborar.
El siguiente paso es dar forma a la masa obtenida a través de un proceso por el que se pasa por un tornillo que la le da forma gracias a un molde característico para cada tipo de pasta y, seguidamente, se realiza el corte prefijado del producto que se está elaborando.

Silos de almacenamiento para la sémola del trigo. / Iris Alemany.

Silos de almacenamiento para la sémola del trigo. / Iris Alemany.


Posteriormente se realiza el proceso de secado, durante el cual, la pasta va pasando por varios túneles en los que puede permanecer entre seis horas para las pastas cortas y trece horas para la larga, buscando el punto exacto de humedad que garantice la calidad del producto final.
Uno de los últimos pasos es el almacenamiento previo, en el caso de la pasta corta, para lograr la estabilización del producto obtenido antes de pasar a la cadena de envasado. Es ahí donde la línea de fabricación alcanza su tramo final.
Uno de los últimos pasos es el almacenamiento previo, en el caso de la pasta corta, para lograr la estabilización del producto obtenido antes de pasar a la cadena de envasado
Envasando 22.000 kilos de pasta al día en todos sus formatos (paquetes de 250, 500 y 1.000 gramos), existen cuatro líneas encargadas de esta función: una para la pasta larga y tres para la corta, alcanzando velocidades de envasado de 55 paquetes por minuto para los de 500 gramos y de 90 paquetes por minuto para los de 250 gramos.
Ahora el producto está listo para su almacenamiento y posterior distribución para que, como cada día, las familias canarias puedan disfrutar de productos de calidad con la 
http://canariasenhora.com/#!/la-islena-tradicion-de-pasta-hecha-en-canarias

Andrés Megías

"La Capitalidad es un aldabonazo en la conciencia de la ciudad y su gente"

Andrés Megías acaba de ser distinguido por la capital como Hijo Predilecto. El industrial ha sido asesor del Festival de Música y uno de los impulsores de la Capitalidad Cultural Europea en 2016

22.06.2011 | 09:41

Andrés Mejías, ante una de las máquinas de su fábrica de Pastas La Isleña. 


- ¿Qué opinión tiene de la oferta cultural de la ciudad?
- La oferta musical ha sido extraordinaria en Canarias. Ahora ha tenido que adaptarse a las circunstancias económicas. También lo puedo entender. El Festival de Música ha sido el acontecimiento cultural más importante de la etapa autonómica. De eso no hay ninguna duda. En calidad y en todo.
- ¿Le ha pasado factura los recortes económicos?
- Son lógicas restricciones, por la situación. Es una pena que siempre se recorte en cultura, pero hay que hacerlo.
- La anterior consejera insular dijo que la cultura no puede seguir siendo gratuita. ¿Comparte esa opinión?
- La comparto en parte. Todo tiene que costar algo. Pero el aficionado a la música paga su entrada, aunque no cubra el espectáculo. Y paga su abono, y da una seguridad a los organizadores. Tener una base de abonados es vital. Pero la cultura es siempre deficitaria, y seguirá siéndolo.
- ¿Es ahí donde deben entrar las Administraciones?
- Claro. Pero, además, produce otra riqueza añadida y crea puestos de trabajo. Caben creadores, escenógrafos, electricistas... Da empleo a mucha gente.
- Usted asiste a festivales en muchos países, ¿cree que la oferta musical se valora más dentro o fuera de Canarias?
- En algunos momentos ha habido ciertos destellos en los que se decía: ¡Oh, en Canarias se hace un festival magnífico! De hecho, todo el mundo quería venir. Y era una época estupenda, porque era enero y febrero y los músicos venían. Evidentemente, no se ha sabido vender bien fuera. Al menos el Festival de Música, que es lo que conozco.
- ¿Qué le ha aportado?
- Yo soy aficionado a la música desde niño, y lo agradezco mucho porque me ha abierto un horizonte enorme, y me ha permitido disfrutar una barbaridad. Y sobrellevar ciertas contrariedades gracias a la música.
- Dice que no se ha sabido vender. ¿Falta una buena promoción turística?
- Es que todo no se puede con presupuestos tan limitados. Y con eso no le quiero echar la culpa a nadie, porque nadie la tiene. Pero, para tener un festival musical hay que implicar primero a la ciudad, que nunca se consiguió del todo. Por ejemplo, Salzburgo es una ciudad implicada con su festival. Toda la actividad comercial gira en verano y Pascua alrededor del festival. Claro, es una ciudad grande, con distinta estratificación social. Es otra cosa. Y tiene una afición maravillosa.
- ¿Podría alcanzar esos niveles la capital?
- No. Tal vez el tamaño tampoco lo permite.
- ¿Pero dentro de su nivel?
- Sí.
- Pero, ¿no cree que tenemos la ventaja turística?
- Se puede conseguir turismo de cultura... Pero es muy minoritario. Y no creo que este sea el momento... Por supuesto que hay que seguir manteniendo el Festival de Música, primero como actividad que te encuentras al llegar aquí. Pero, para moverte tienes que dar grandes espectáculos, grandes orquestas. Pero, en estos momentos no es el momento adecuado. Con tanto paro y protestas no se puede hacer un show... pienso.
- Como industrial, ¿la capital da facilidades para crear empleo y abrir empresas?
- La verdad es que la gente dice que es dificilísimo, que hay muchas trabas legales. Tenemos tres administraciones, y eso lastra todo, aunque parece que el nuevo presidente del Cabildo abrió una ventana a la esperanza.
- Cuando vuelve de sus viaje, ¿cómo ve de nuevo la ciudad comparada con otras?
- Es difícil de responder, porque llegas a tu casa. Es como ir un día de excursión, con ganas de descansar. La gente es magnífica, y muy cálida. Esta sigue siendo una ciudad abierta, acogedora, he vivido muchos años fuera, pero la quiero muchísimo.
- ¿Se quiere más cuando está fuera?
- No, no. Yo la quiero cuando estoy aquí.
- ¿Podría compararme la capital con su centenaria empresa de alimentación?
- Las Palmas tiene más de 500 años de historia. Y la industrial nuestra 120 o 130 años, porque no lo podemos precisar con exactitud. A mí me han hecho Hijo Predilecto por eso, porque represento una industria muy antigua en la Isla, aunque haya hecho mis cosillas por ahí, sin mayor relevancia.
- Usted está en el consejo de administración de Las Palmas 2016. ¿Cree que la ciudad quedará marcada ya por esta candidatura?
- Creo que será una gran oportunidad, y se aprovechará. Las cosas se aprovechan con el tiempo, pero obtener sus frutos necesita tiempo. Pero ha sido un aldabonazo en la conciencia del ciudadano, de la ciudad. El día que pusieron en Triana las esculturas de Chirino, la gente tomó conciencia de que se podía conseguir. Se quitaron los complejos. En la Capitalidad Cultural no se habla de grandes proyectos, sino de mejorar lo que tenemos, de la oferta de hoteles, que funcionen y estén a tope, que haya un turismo de calidad, y que el nombre resuene como una ciudad rupturista como fue en los años 60. Incluso si no ganamos la Capitalidad, creo que el toque de atención, el trompetazo está dado.
- ¿En qué se quitaron esos complejos?
- Siempre se puede aspirar a más. Siempre. Claro que sí. Y más una ciudad con nuestra ubicación geográfica fabulosa.
https://www.laprovincia.es/las-palmas/2011/06/23/capitalidad-aldabonazo-conciencia-ciudad-gente/382038.html

LA ISLEÑAHISTORIAS

Antonia Guerra Guerra

"Realmente somos una familia. Quienes entran a trabajar en La Isleña se adaptan y se suman a esta hermosa familia"
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José Juan Pérez Sánchez

"La Isleña abarca mucho más que este edificio, llega a nuestros hogares, a nuestra infancia"
VER SU HISTORIA

Antonia Guerra Guerra

Hace cuarenta y cuatro años que trabajo en La Isleña. Tenía solo catorce años cuando entré. Mi madre le preguntó al encargado de aquella época, que era vecino nuestro, si había algún trabajo para mí, y él le dijo que sí.
Empecé en la zona de empaquetado. Todo se hacía a mano y solo por mujeres. Los hombres estaban en la producción. Recuerdo que había cinco mesas con cinco mujeres en cada una de las mesas. En total éramos treinta. Los fideos venían en forma de rosca que se partía en tres pedazos y luego había que meterlos en el paquete.
Antiguamente los espaguetis se secaban al aire, en los secaderos. Hoy día  tenemos máquinas y mucha más precisión en los procesos. Yo he vivido las reformas en la fábrica y creo que los cambios que se produjeron nos han traído más comodidad en el trabajo, estamos mejor de esta manera. Ahora empaquetamos todo con las máquinas.
Estoy casada y tengo una hija, pero esta fábrica es también parte de mi familia. De los chicos nuevos que entran a trabajar hay al menos un par de ellos que me dicen “madre”. Resulta que yo soy la más antigua de la fábrica. Un poco soy la madre adoptiva de todos ellos porque los ponen a trabajar conmigo para enseñarlos.
En los jardines de la fábrica se ha celebrado más de una boda. Recuerdo la de un compañero que se casó en Arucas y el convite se hizo aquí. Ese niño era como un hijo para don Gabriel, el propietario de La Isleña porque desde los seis años de edad estaba corriendo por aquí en la fábrica. Actualmente se siguen haciendo aquí los brindis de Navidad. Realmente somos una familia, y quienes entran a trabajar en La Isleña se adaptan y se suman a esta hermosa familia.

José Juan Pérez Sánchez

Entré a trabajar en La Isleña cuando tenía veintidós años y nada me era ajeno. Yo conocía a todos desde pequeñito porque mi madre ya trabajaba aquí. Ella empezó con quince años, primero en la fábrica y posteriormente trabajó en la casa de don Andrés padre, el hijo del fundador.
Don Andrés siempre tuvo un trato cordial con los trabajadores. Fue el padrino de la boda de mis padres. Todos éramos de la zona, éramos vecinos. Nuestras vidas estaban de alguna manera entrelazadas gracias a esta fábrica. En su jardín se han hecho muchas celebraciones de bodas de los empleados.
Era un niño cuando venía a buscar a mi madre, subía y veía a las mujeres empaquetando la pasta. Recuerdo especialmente el olor del cacao para la época de Semana Santa. Antiguamente  las alfombras para la burrita se realizaban con las cascarillas del cacao que La Isleña aportaba. Las calles se impregnaban con ese aroma tan rico. El solo hecho de recordarlo me transporta a mi infancia y hasta me parece que aún puedo olerlo.
Llevo trabajando en La Isleña treinta y cuatro años. Yo vivo cerca, a dos casas de la instalaciones de la fábrica. Antiguamente  algunos trabajadores vivían en la propia  fábrica, por ejemplo, Quico, cuyo hijo trabaja con nosotros, o Lucía, que vivía en una casa que ahora cumple las funciones de almacén. Habitualmente decimos que “las cosas están allí abajo, en casa de Lucía”.
Es impresionante el cambio que hemos visto los que llevamos muchos años aquí. Yo lo he visto personalmente. Antes los procesos eran manuales y ahora la producción está industrializada; la tecnología nos ha aportado muchas cosas buenas para el desarrollo de nuestro trabajo.
La Isleña abarca mucho más que este edificio, llega a nuestros hogares, a nuestra infancia. Todos nos conocen, todo el mundo sabe algo de La Isleña.

MOMENTOS ENLA ISLEÑA


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