Enzo Di Rosa:el precio del trigo duro en el sur ha caído a 19 céntimos por kilo, la pasta cuesta un mínimo de 2 euros por kilo y el pan 4 euros.
Lo que debería ser la "ley de la oferta y la demanda" suele funcionar a medias, en detrimento tanto de quienes producen como de quienes consumen. Una verdadera injusticia social, que pone de rodillas a las pequeñas granjas y vacía los bolsillos de las familias.
Este mecanismo conduce a un aumento de los beneficios, porque mientras el precio del trigo duro en el sur ha caído a 19 céntimos por kilo, la pasta cuesta un mínimo de 2 euros por kilo y el pan 4 euros.
En una economía de mercado, el consumidor es el rey: busca el precio más bajo y, si la pasta hecha con trigo canadiense es más barata, la compra.
La solución "ética", la del precio adecuado, corre el riesgo de acabar destinada a un nicho de personas privilegiadas que pueden permitirse comprar éticamente, dejando la mayor parte del mercado en manos del trigo importado barato.
Pero no es así.
Esto no es una crisis de mercado, ni una explosión de costes.
No: la crisis surge de una negativa.
La negativa a pagar 6 céntimos más en un paquete de pasta para asegurar el precio adecuado para los productores italianos de trigo duro.
6 céntimos que no cuestan nada, pero que son esenciales para los agricultores.
6 centavos de ruptura, que no representa un problema económico, sino una señal política clara.
Deberíamos dejar de considerar la alimentación como una mera mercancía cotizada en la bolsa y empezar a tratarla como un activo estratégico de seguridad nacional.
El éxito de un país no se mide solo por el beneficio, sino por la estabilidad del país y la certeza de que, incluso en caso de guerras, pandemias o bloqueos marítimos, los silos nacionales están llenos de trigo italiano.
Un paquete de pasta podría costar unos céntimos más (solo 3 € más en consumo anual per cápita - véase el enlace más abajo) para garantizar una remuneración justa para los productores italianos de trigo duro, pero el Estado podría asumir el mayor coste de varias maneras:
reducción del IVA sobre productos italianos
ecológicamente sostenible;
garantizando el apoyo económico a personas y familias en condiciones de fragilidad económica.
Si el Estado, en lugar de invertir dinero financiando sistemas de producción erróneos que no generan beneficios económicos para la comunidad, invirtiera en modelos ecológicamente sostenibles, se crearían múltiples ventajas:
Menores costes sanitarios y medioambientales
Nuevo empleo
Retorno a lo social: Los recursos recuperados pueden reinvertirse en salud, educación, pensiones y apoyo a los grupos más débiles, asegurando una transición ecológica y justa.
La transparencia en la etiqueta ayuda al consumidor, pero no es suficiente.
Es solo un ejemplo que puede adoptar toddo el mundo, incluyendo la distribución a gran escala de productos de marca (MDD).
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