Miguel Torres, ecologista y social


'SALIR A BOLSA SERÍA CAER EN EL INFIERNO'
Miguel Torres, ecologista y social
ELENA MOYA
THE GUARDIAN/EL MUNDO

El sur de Gran Bretaña quizá no sea el único lugar del mundo en el que los viticultores amantes del riesgo pueden atreverse con el calentamiento global. El cambio climático ya está cambiando los hábitos en los viñedos del sur de Europa y obligando a algunos productores, como Torres, en España, a comprar tierra en los Pirineos. "Por si acaso", dice el presidente de la compañía, Miguel Torres. La producción de pinot noir y chardonnay a 1.200 metros sobre el nivel del mar ya se ha iniciado, y muestra no menos calidad que el vino producido en las suaves colinas de la región del Penedés, al sur de Barcelona. Pero cada vez se teme más que las zonas bajas se sequen en un par de generaciones.

"Las temperaturas se han incrementado ya en un grado", dice Torres. "Si aumentan en cinco, el sur de Europa será una estepa árida". Este grado de aumento ha adelantado ya la vendimia en 12 o 13 días, dice. "Los viñedos son muy sensibles".
Torres ha donado 10 millones de euros de su propio dinero para causas medioambientales, y pretende reducir la producción de CO2 en la bodega en un 30% para 2020. Él tiene un coche híbrido y ha comprado otros para su personal, ha invertido en un parque eólico y está experimentando con la captura y el uso de CO2 de la fermentación del vino. No ha utilizado los productos químicos sintéticos en sus viñedos en más de 20 años, en lugar utilizando trampas para insectos cebadas con feromonas sexuales secretadas por las hembras para atrapar a los machos y así frenar la reproducción.
La próxima semana, Torres, de 67 años, agasajará en su casa a 200 expertos en medio ambiente, que se reúnen en Barcelona antes de la conferencia climática de Copenhague en diciembre: "Queremos mostrarles que no están solos, que aquí, en el mundo del vino, también estamos muy preocupados por esto. Sería dramático tener un año muy caluroso, como el de 2003, coincidiendo con una sequía. Por suerte, tuvimos una gran cantidad de lluvia en la primavera de 2003".
Perteneciente a la cuarta generación de una familia que ha producido vino en Cataluña desde 1870, el veterano bodeguero ha incrementado las exportaciones, que representan actualmente las dos terceras partes de las ventas anuales de la empresa, que son de casi 200 millones de euros. Gran Bretaña es el primer mercado de exportación de Torres, con 4,2 millones de botellas vendidas al año, incluidas marcas como Sangre de Toro y Viña Sol. La empresa también vende, en las tiendas de lujo, marcas de gama alta, como Salmos Priorat, o su vino superior, el Reserva Real, que en Gran Bretaña sale a 68 libras la botella. ¿Las vale?
"Es una cuestión de percepción", dice Torres mientras agita una copa de vino tinto para revelar su aroma antes de olerlo y de tomar un sorbo.
Él dice que no pagaría las 8 o 9 libras que cobran por una copa grande vino en muchos bares y pubs británicos. Pero el burdeos decimonónico que abrió en Alemania en la fiesta de su 50 cumpleaños es el mejor vino que ha probado nunca. "Cerrando los ojos se oían los pájaros. Fue impresionante".
El vino en el Reino Unido es más caro, ya que cada botella soporta un impuesto especial de 1,61 euros. El popular Sangre de Toro cuesta 4,05 euros en España y 6,99 libras en Gran Bretaña.
En cualquier caso, el vino es una cuestión de calidad, no de cantidad, dice Torres. Él bebe media botella al día - "tanto como el médico me deja" - y siempre comiendo, subraya.
Torres afirma que sólo se ha emborrachado una vez, cuando tenía 10 años, después de beber cava, vino y champán en una fiesta familiar. Desde entonces, él dice que sólo se "mareó" un poco después de una comida pesada, en Madrid, en 1991. La recuerda porque la cuenta alcanzó 600 euros después de pedir varios vinos para mostrarlos a un periodista. Una cata que nunca se ha repetido, dice.
La moderación es la idea de que Torres quiere imprimir a su negocio familiar, renunciando a un estilo de vida glamoroso. Su mayor regalo a sus hijos fue pagar la mitad de las casas que compraron cuando se casaron. Nunca les ha comprado coche y les paga igual que a los demás empleados del mismo nivel en la empresa, que son actualmente unos 1.200.
Torres opina que es justo con su personal, ya que después de leer a Marx y Bakunin en su juventud, "se puede entender cómo los trabajadores se sienten, y la necesidad de tener un personal motivado", dice. Los fondos que asigna a las pensiones de sus empleados superan el 5% de beneficios que se distribuyen a los accionistas, todos ellos miembros de la familia.
Él aprendió sobre la vida y los menos privilegiados de la sociedad cuando de joven huyó de la España de Franco a estudiar enología en Dijon (Francia,). "No nos hablaban de los pobres", dice de su elegante colegio de Barcelona. Pero recuerda los días más oscuros de la dictadura franquista, a finales de los 40, cuando los que no tenían casi nada podían ver a los comensales en los restaurantes al aire libre del Paseo de Gracia de Barcelona a través de los setos que se ponían para aislar las mesas. Es lo más cerca de algo de comer que esos pobres llegaban, recuerda Torres.
En Francia, donde fue a estudiar tras abandonar la Universidad de Barcelona, Torres vio una sociedad abierta, muy diferente de una España aislada "donde chicas tenían que estar en casa a las 10, de lo contrario sus padres salían a buscarlas".
Torres se casó con una turista alemana, una pintora a la que conoció un verano en la ciudad costera y más liberal de Sitges, al sur de Barcelona. Tienen tres hijos.
Durante cuatro generaciones, la empresa Torres se ha pasado de "padre a hijo", y ninguna mujer ha dirigido la compañía. Ahora, tanto el hijo como la hija empleados en la empresa son capaces de dirigirla cuando él se jubile dentro de dos o tres años, dice, sin querer dar más detalles. "Las empresas familiares son cuestiones muy delicadas", admite. Se ha contratado a asesores para "buscar el equilibrio adecuado para la quinta generación".
Por encima de todo, él quiere asegurarse de que la empresa se mantiene fiel a lo que él llama sus principios de honradez, rentabilidad y calidad. Una introducción en bolsa está muy lejos de sus pensamientos: "Eso sería un pecado mortal que nos mandaría al infierno. Cuando eso sucede, uno se convierte en cortoplacista".
Una propiedad familiar garantiza una paciente visión a largo plazo, muy necesaria en el sector del vino, dice Torres, que añade que su empresa reinvierte el 95% de sus ganancias en el negocio. Torres dice que aprendió a ser paciente cuando su padre se negó a traspasarle el control de la empresa, en la creencia de que "moriría trabajando". Tras tomarse un año sabático en Montpellier a los 40 años a distanciarse de los conflictos familiares, Torres dice: "Cuando mi padre me vio más relajado, empezó a traspasarme el control".
Durante su mandato, Torres ha estado más centrado en la producción que su padre, que era un "gran vendedor", dice. Ha mejorado la tecnología y comenzará a producir vinos orgánicos para el mercado español de este año.
Este tradicionalista también tiene mucho interés por relanzar antiguas castas de uvas catalanas, que están en peligro de extinción. La región tenía antaño más de 100 castas, pero tras la filoxera del siglo XIX sólo sobrevivió una docena. En los últimos 15 años ha redescubierto 58 castas entrando en contacto con los viticultores y pidiéndoles que le alerten cuando encuentren una cepa que no reconocen.
Además de ocuparse de sus 2.000 hectáreas de viñedos en Chile, California y Cataluña, Torres también proyecta expandir su negocio de aceites de oliva al ir aumentando la demanda de productos mediterráneos sanos en todo el mundo. Los buenos hábitos y la moderación son la clave, afirma antes de ir a echarse una pequeña siesta.
 Fecha de publicación: 30.10.2009
http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=8&vs_fecha=200910&vs_noticia=1256887220
El MARM edita la publicación "Marketing y alimentos ecológicos. Manual de aplicación a la venta detallista"
http://www.besana.es/jsp/lstNoticias.jsp?id=1&ch=4&ca=-1&cu=-1&v=1&cm=&sc=&cd=35791

La publicación aporta estrategias y técnicas para la comercialización de alimentos ecológicos
 El Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino ha editado la publicación "Marketing y alimentos ecológicos. Manual de aplicación a la venta detallista" donde se desarrolla y amplía la información que ha servido de base durante el ciclo de cinco Jornadas sobre comercialización de productos ecológicos agroalimentarios dirigidas al comercio minorista que se está llevando a cabo durante el presente año.
El objetivo del manual es dotar al comercio minorista de una herramienta que aporte conocimientos específicos sobre el mercado de los alimentos ecológicos y las tendencias actuales, así como dar a conocer técnicas y estrategias de promoción y comunicación, logística, aprovisionamiento y venta, que ayuden a mejorar la comercialización del alimento ecológico en el mercado interior.
Tanto las Jornadas como el propio Manual forman parte del desarrollo que desde el MARM se viene haciendo del Plan Integral de Actuaciones para el Fomento de la Agricultura Ecológica 2007-2010, cuyo objetivo fundamental es estimular la demanda interna de productos ecológicos a través de la información al consumidor, acompañada de la mejora de las estructuras de comercialización.
El Manual incide en facilitar al profesional de la distribución detallista información específica sobre los canales de venta, los criterios de elección del surtido, precios, la promoción, la presentación y ubicación del producto, argumentos de venta, la logística y la relación entre proveedor y vendedor.
La distribución del Manual se realizará entre los asistentes a la última edición de este año de las Jornadas de Comercialización que tendrá lugar el próximo martes 20 de octubre en Valladolid pudiéndose obtener más información sobre la misma, así como la descarga del Manual en formato pdf en:
http://www.mapa.es/es/alimentacion/pags/ecologica/documentos.htm
http://www.canalalimentacion.com/noticia.php?id=2744
De cosecha propia y ecológica
En estos tiempos en los que la salud, tanto la propia como la del planeta, es una de las principales preocupaciones del hombre, es natural que la ecología sea un valor en alza, y que, en alimentación, lo ecológico sea un plus muy apreciado.
El Diccionario nos dice que la ecología -en la tercera acepción de la palabra- es la "defensa y protección de la naturaleza y del medio ambiente". A los efectos que nos interesan, solemos hablar de agricultura ecológica para referirnos a aquella en la que no se utilizan ni fertilizantes ni pesticidas químicos, sino los llamados "naturales". Atrás parecen quedar los tiempos en los que todas las estaciones de ferrocarril de España lucían publicidad del nitrato sódico, llamado "de Chile", y en los que el DDT -el compuesto llamado dicloro difenil tricloroetano, no la magnífica revista de historietas del mismo nombre de Bruguera- campaba por sus respetos como plaguicida.
Hoy, ya decimos, que un producto lleve el apellido "ecológico" es todo un plus, y es normal que así sea. Las dificultades empiezan cuando el consumidor, convencido de las obvias ventajas de esos productos, quiere aprovisionarse de ellos, fundamentalmente porque la producción es aún escasa, y su presencia en los mercados todavía más, aunque se pueden encontrar en la red, y también por el nada despreciable motivo de que ese plus se traduce en un incremento de precio.
Hace unos días, un cocinero tan partidario de los productos naturales como Santi Santamaría desarrolló en Madrid y Barcelona unas jornadas ecoculinarias bajo el título de "la cocina con productos ecológicos". Hubo taller de cocina y cena a base de estos productos, procedentes de una huerta en la que no sólo se ejerce la agricultura ecológica, sino también la biodinámica, que es una cosa que a mí me supera, porque tiene que ver con las fases de la luna, la situación de los astros, y uno, que es de lo más escéptico respecto a los horóscopos, no lo es menos en cuanto a que una posible conjunción de Marte y Saturno influya en la calidad de los tomates.
Pero, ciertamente, estamos a favor de la sostenibilidad del planeta y, por tanto, de este tipo de productos. Ahora bien: mucho nos tememos que la vía más segura de acceder a ellos es... cultivarlos uno mismo. Y eso no está al alcance de cualquiera, sobre todo si de urbanitas hablamos. No todo el mundo puede montarse una granja como la del cocinero Jamie Oliver, la del actor Juan Echanove o, en menor escala, la de la esposa de un querido colega donostiarra que cultiva sus propias hortalizas y cría sus propias gallinas: hay que tener espacio. Y el espacio es... un lujo.
Está claro que lo primero que hace un ciudadano cuando consigue ser propietario de una parcela es construirse su chalé. Una vez resuelto el tema de la vivienda, vendrán la piscina, el jardín y, si la parcela es suficiente, la cancha de tenis; en un huerto, la verdad, no piensa casi nadie. La verdad es que en un pañuelo de tierra podríamos cosechar nuestros propios tomates, lechugas, fresas y qué sé yo cuántas cosas más; pero no lo hacemos. Entre otras cosas, porque un huerto da muchísimo trabajo... y muchísimos problemas en forma de bichos amantes de esas hortalizas que, evidentemente, no es para ellos para quienes las cultivamos.
La agricultura, aunque sea doméstica, precisa de una dedicación casi absoluta. Y contratar los servicios de un agricultor que nos lleve el huerto, como el citado Oliver, supone un gasto que sólo compensa si la producción lo justifica. Es cierto que un jardinero también cobra lo suyo, pero a la gente, de momento, le gusta más enseñar las rosas que las judías verdes.
Una lástima, porque hay que ver cómo queda uno si, en una cena, saca la ensalada y proclama ante sus invitados que es "de cosecha propia", al estilo de aquel patricio romano que, al servir el vino, anunciaba que "gracias a los dioses, yo no lo compro", que era una manera más sutil de decir que se elaboraba para él, con uvas de sus viñas.
Hacer vino, hoy, es una cosa que da, además de satisfacciones, prestigio social; el problema es que las patatas no dan ese prestigio, por buenísimas que sean. Si el agricultor que cultiva productos de alta calidad, ecológicos de verdad, gozase de ese prestigio, de una alta consideración social aunque no fuera más que por la dedicación al trabajo bien hecho; si las administraciones públicas canalizaran sus ayudas a los productores de base, y no a las cumbres, posiblemente nos iría a todos mejor: la gente trabaja más a gusto cuando se valora, y no sólo económicamente, lo que hace.
De todos modos... Con cultivo ecológico o no, lo cierto es que sólo quien cultive sus tomates y los coseche en el momento prefecto de madurez los disfrutará plenamente. Los demás... a conformarnos con lo que hay en el mercado. EFEAGRO
 http://www.cyberagropolis.com/front/noticiaampliada.php?idNoticia=21472&idCategoria=1&iNivel=1&iSubnivelNoti=

'SALIR A BOLSA SERÍA CAER EN EL INFIERNO'
Miguel Torres, ecologista y social
ELENA MOYA
THE GUARDIAN/EL MUNDO

El sur de Gran Bretaña quizá no sea el único lugar del mundo en el que los viticultores amantes del riesgo pueden atreverse con el calentamiento global. El cambio climático ya está cambiando los hábitos en los viñedos del sur de Europa y obligando a algunos productores, como Torres, en España, a comprar tierra en los Pirineos. "Por si acaso", dice el presidente de la compañía, Miguel Torres. La producción de pinot noir y chardonnay a 1.200 metros sobre el nivel del mar ya se ha iniciado, y muestra no menos calidad que el vino producido en las suaves colinas de la región del Penedés, al sur de Barcelona. Pero cada vez se teme más que las zonas bajas se sequen en un par de generaciones.

"Las temperaturas se han incrementado ya en un grado", dice Torres. "Si aumentan en cinco, el sur de Europa será una estepa árida". Este grado de aumento ha adelantado ya la vendimia en 12 o 13 días, dice. "Los viñedos son muy sensibles".


Torres ha donado 10 millones de euros de su propio dinero para causas medioambientales, y pretende reducir la producción de CO2 en la bodega en un 30% para 2020. Él tiene un coche híbrido y ha comprado otros para su personal, ha invertido en un parque eólico y está experimentando con la captura y el uso de CO2 de la fermentación del vino. No ha utilizado los productos químicos sintéticos en sus viñedos en más de 20 años, en lugar utilizando trampas para insectos cebadas con feromonas sexuales secretadas por las hembras para atrapar a los machos y así frenar la reproducción.


La próxima semana, Torres, de 67 años, agasajará en su casa a 200 expertos en medio ambiente, que se reúnen en Barcelona antes de la conferencia climática de Copenhague en diciembre: "Queremos mostrarles que no están solos, que aquí, en el mundo del vino, también estamos muy preocupados por esto. Sería dramático tener un año muy caluroso, como el de 2003, coincidiendo con una sequía. Por suerte, tuvimos una gran cantidad de lluvia en la primavera de 2003".


Perteneciente a la cuarta generación de una familia que ha producido vino en Cataluña desde 1870, el veterano bodeguero ha incrementado las exportaciones, que representan actualmente las dos terceras partes de las ventas anuales de la empresa, que son de casi 200 millones de euros. Gran Bretaña es el primer mercado de exportación de Torres, con 4,2 millones de botellas vendidas al año, incluidas marcas como Sangre de Toro y Viña Sol. La empresa también vende, en las tiendas de lujo, marcas de gama alta, como Salmos Priorat, o su vino superior, el Reserva Real, que en Gran Bretaña sale a 68 libras la botella. ¿Las vale?


"Es una cuestión de percepción", dice Torres mientras agita una copa de vino tinto para revelar su aroma antes de olerlo y de tomar un sorbo.


Él dice que no pagaría las 8 o 9 libras que cobran por una copa grande vino en muchos bares y pubs británicos. Pero el burdeos decimonónico que abrió en Alemania en la fiesta de su 50 cumpleaños es el mejor vino que ha probado nunca. "Cerrando los ojos se oían los pájaros. Fue impresionante".


El vino en el Reino Unido es más caro, ya que cada botella soporta un impuesto especial de 1,61 euros. El popular Sangre de Toro cuesta 4,05 euros en España y 6,99 libras en Gran Bretaña.


En cualquier caso, el vino es una cuestión de calidad, no de cantidad, dice Torres. Él bebe media botella al día - "tanto como el médico me deja" - y siempre comiendo, subraya.


Torres afirma que sólo se ha emborrachado una vez, cuando tenía 10 años, después de beber cava, vino y champán en una fiesta familiar. Desde entonces, él dice que sólo se "mareó" un poco después de una comida pesada, en Madrid, en 1991. La recuerda porque la cuenta alcanzó 600 euros después de pedir varios vinos para mostrarlos a un periodista. Una cata que nunca se ha repetido, dice.


La moderación es la idea de que Torres quiere imprimir a su negocio familiar, renunciando a un estilo de vida glamoroso. Su mayor regalo a sus hijos fue pagar la mitad de las casas que compraron cuando se casaron. Nunca les ha comprado coche y les paga igual que a los demás empleados del mismo nivel en la empresa, que son actualmente unos 1.200.


Torres opina que es justo con su personal, ya que después de leer a Marx y Bakunin en su juventud, "se puede entender cómo los trabajadores se sienten, y la necesidad de tener un personal motivado", dice. Los fondos que asigna a las pensiones de sus empleados superan el 5% de beneficios que se distribuyen a los accionistas, todos ellos miembros de la familia.


Él aprendió sobre la vida y los menos privilegiados de la sociedad cuando de joven huyó de la España de Franco a estudiar enología en Dijon (Francia,). "No nos hablaban de los pobres", dice de su elegante colegio de Barcelona. Pero recuerda los días más oscuros de la dictadura franquista, a finales de los 40, cuando los que no tenían casi nada podían ver a los comensales en los restaurantes al aire libre del Paseo de Gracia de Barcelona a través de los setos que se ponían para aislar las mesas. Es lo más cerca de algo de comer que esos pobres llegaban, recuerda Torres.


En Francia, donde fue a estudiar tras abandonar la Universidad de Barcelona, Torres vio una sociedad abierta, muy diferente de una España aislada "donde chicas tenían que estar en casa a las 10, de lo contrario sus padres salían a buscarlas".


Torres se casó con una turista alemana, una pintora a la que conoció un verano en la ciudad costera y más liberal de Sitges, al sur de Barcelona. Tienen tres hijos.


Durante cuatro generaciones, la empresa Torres se ha pasado de "padre a hijo", y ninguna mujer ha dirigido la compañía. Ahora, tanto el hijo como la hija empleados en la empresa son capaces de dirigirla cuando él se jubile dentro de dos o tres años, dice, sin querer dar más detalles. "Las empresas familiares son cuestiones muy delicadas", admite. Se ha contratado a asesores para "buscar el equilibrio adecuado para la quinta generación".


Por encima de todo, él quiere asegurarse de que la empresa se mantiene fiel a lo que él llama sus principios de honradez, rentabilidad y calidad. Una introducción en bolsa está muy lejos de sus pensamientos: "Eso sería un pecado mortal que nos mandaría al infierno. Cuando eso sucede, uno se convierte en cortoplacista".


Una propiedad familiar garantiza una paciente visión a largo plazo, muy necesaria en el sector del vino, dice Torres, que añade que su empresa reinvierte el 95% de sus ganancias en el negocio. Torres dice que aprendió a ser paciente cuando su padre se negó a traspasarle el control de la empresa, en la creencia de que "moriría trabajando". Tras tomarse un año sabático en Montpellier a los 40 años a distanciarse de los conflictos familiares, Torres dice: "Cuando mi padre me vio más relajado, empezó a traspasarme el control".


Durante su mandato, Torres ha estado más centrado en la producción que su padre, que era un "gran vendedor", dice. Ha mejorado la tecnología y comenzará a producir vinos orgánicos para el mercado español de este año.


Este tradicionalista también tiene mucho interés por relanzar antiguas castas de uvas catalanas, que están en peligro de extinción. La región tenía antaño más de 100 castas, pero tras la filoxera del siglo XIX sólo sobrevivió una docena. En los últimos 15 años ha redescubierto 58 castas entrando en contacto con los viticultores y pidiéndoles que le alerten cuando encuentren una cepa que no reconocen.


Además de ocuparse de sus 2.000 hectáreas de viñedos en Chile, California y Cataluña, Torres también proyecta expandir su negocio de aceites de oliva al ir aumentando la demanda de productos mediterráneos sanos en todo el mundo. Los buenos hábitos y la moderación son la clave, afirma antes de ir a echarse una pequeña siesta.


    Fecha de publicación: 30.10.2009

    Comentaris

    Entrades populars d'aquest blog

    Fábrica de Fideos COGORNO S.A-PERU

    La familia Espona pone a la venta la histórica compañía Pasta Gallo

    Pasta , Corporación Superior S.A.,Ecuador