Parsifal» manda al hospital al director musical de la Ópera de Viena

Parsifal» manda al hospital al director musical de la Ópera de Viena

afp
Día 01/04/2013 - 17.59h

 

Tras darle un ataque de lumbago, Franz Welser-Möst sufrió una bajada de tensión que obligó a ingresarle en urgencias

El director de orquesta austriaco Franz Welser-Möst tuvo que abandonar el podio de la Orquesta de la Ópera de Viena durante la representación de este domingo de 'Parsifal', al sufrir un ataque de lumbago. Wesler-Möst aguantó el primer acto de la ópera, pero el esfuerzo provocó que, en el descanso, sufriera una bajada de tensión que hizo necesario una visita a las urgencias de un hospital de Viena.
Para Welser-Möst, la óperas de ayer era la cuarta en cinco días (cada 'Parsifal' es cuatro horas y media de Wagner), lo que en parte explica sus problemas de salud. La Orquesta de la Ópera de Viena ha anunciado que el director no estará en su puesto en la función de mañana (esta vez, al frente de un 'Wozzeck' de Alban Berg) y que no se sabe aún si estará en el reencuentro con 'Parsifal', el jueves que viene.
Welser-Möst es director musical de la Staatsoper de Viena desde 2010. Antes, ha sido titular en plazas como Londres, Zúrich y, sobre todo, Cleveland. Su carrera como director de orquesta arrancó después de que un accidente de coche truncara su carrera como violinista. El pasado uno de enero, Welser-Möst dirigió el concierto de Año Nuevo de Viena.
http://www.abc.es/cultura/musica/20130401/abci-parsifal-lumbago-director-opera-201304011748.html

An Introduction to Wagner's Parsifal

Acto I
Un claro del bosque en los dominios de Monsalvat, el territorio de los Caballeros del Grial. Está amaneciendo. El sonido de trombones llama a Gurnemanz y los escuderos que duermen en el bosque, a rezar. Todos deben prepararse para el baño del Rey Amfortas, de quien los exploradores, traen malas noticias. Aparece una figura extravagante, con el cabello enmarañado, como si llegara de un exhausto viaje: se trata de Kundry quien, desde las profundidades de Arabia trae un bálsamo para aliviar el sufrimiento del Rey. Entonces aparece el resto de la procesión. Amfortas es llevado en su litera, Gurnemanz le entrega el frasco traído por Kundry, pero ella, que insiste en permanecer en silencio, rechaza toda muestra de agradecimiento. Su actitud apenas sorprende a los escuderos quienes están dispuestos en ver en ella al culpable de la desgracia del Rey. Gurnemanz les saca de su error: desde el día en que Titurel, el fundador de Monsalvat, la encontró casi sin vida entre la maleza, ella ha servido siempre al Grial. Sin embargo, los hechos demuestran que cada una de sus ausencias ha coincidido con alguna desgracia de los Caballeros. Ante la mirada atenta de los pajes, Gurnemanz deja que sus pensamientos se llenen de recuerdos:
Hace mucho tiempo había dos tesoros en Monsalvat: el Grial, el cáliz sagrado donde se recogió la sangre del Salvador, y la Lanza que le hirió en el costado. Fueron entregados a Titurel, padre de Amfortas, para que los guardara. Construyó Monsalvat y allí organizó una Orden de Caballeros, Klingsor exigió ser admitido. Incapaz de controlar su propia libido, se castró a sí mismo, y con desprecio fue expulsado de la Orden. Exiliado al desierto, por arte de magia Klingsor construyó allí una tierra de placeres, repleta de flores diabólicas, y desde entonces, intenta atrapar a los Caballeros allí para conseguir su reino. Cuando Titutel, ya anciano, entregó la insignia del soberano a Amfortas, éste en el ardor de la juventud, intentó combatir al diablo de Klingsor, a cuyo reino se dirigió llevando la Sagrada Lanza con él. Pero fue, seducido por una mujer, una flor del infierno y la lanza cayó en poder de Klingsor quien se la clavó a Amfortas en el costado provocándole una herida que sólo la propia lanza puede curar. Todos aquellos que intentaron recuperarla de manos del brujo, también han sucumbido. Sin embargo, el Grial ha profetizado que un día llegará un hombre puro y gran conocedor de la pena.
Los escuderos repiten la profecía con devoción, y entonces un cisne herido cae en el claro del bosque. Orgulloso de su arco y de sus flechas, un joven se jacta de ser el autor de tan buen disparo. Más Gurnemanz le hace apenarse haciéndole ver el dolor angustioso de la hermosa ave herida. El joven no sabe porque ha disparado, ni quién es ni de donde procede. Sólo sabe que su madre se llama Herzeleide. Kundry se le acerca en silencio, ella sabe que el muchacho al alejarse de su madre, la ha puesto en peligro dejándola sola y Herzeleide ha muerto. Temblando de furia, el joven parece dispuesto a matar a Kundry, pero se desmaya del impacto recibido. Kundry logra despertarlo con un poco de agua del manantial, y después se vuelve a la maleza para dormir como un perro.
Mientras tanto, el Rey ha vuelto de su baño. Como haría un buen padre, Gurnemanz invita al joven desconocido a presenciar la celebración del Grial.
El claro del bosque desaparece, y en su lugar aparece una gran sala donde los Caballeros esperan la llegada de Amfortas para celebrar el sacrificio. Titurel le invita a hacerlo. Antes de morir, querría ver el Grial al descubierto, ya que es lo que le mantienen vivo. Pero Amfortas se niega a acceder: el Grial le da la vida a él también, y para él la vida es un tormento.
El oráculo desciende una vez más desde la cúpula: un hombre puro llegara, conocedor de la pena. Amfortas, transfigurado, descubre el Grial. Una vez más, su herida vuelve a sangrar. Se lo llevan, y la procesión abandona la sala. Parsifal sin decir palabra, y sin aparentemente haber entendido nada, lo ha visto todo. Gurnemanz lo echa un poco de malas maneras, ¡Dejad que el ganso, se vaya a buscar su ganso y que deje en paz a los cisnes!
 
Acto II
El Castillo mágico de Klingsor, El brujo se halla en su torre, ante su espejo mágico. Ya ha llegado la hora: ve al loco joven dirigiéndose a su castillo de placeres. Debe despertar a la esclava de su encantamiento: es Kundry que se despierta con un grito animal ante la llamada del brujo. Desearía dormir para siempre. Desafiar a Klingsor, el mutilado, pero el vence: pronto él será el dueño de no sólo la Lanza sino también del Grial. El apuesto joven, quien habrá de sucumbir, se acerca. Con un grito de dolor, Kundry se dispone a llevar a cabo su misión. La torre deja paso a un jardín de placeres donde las Doncellas Flor dan la bienvenida al joven, provocándole, después de que haya vencido a todos los guardas. Más el permanece insensible a sus sensuales provocaciones.
Pero entonces, una voz mucho más dulce le llega de entre ellas y lo deja paralizado. Ha pronunciado su nombre: Parsifal, así era como su madre le llamaba. Kundry despide a las Doncellas Flor y le habla a Parsifal de su madre, quien ha muerto de pena después de que él la abandonara. Lleno de resentimiento, Parsifal cae al suelo junto a Kundry. Ahora puede conocer el amor que su madre conoció y recibir de la mensajera del brujo su primer beso de amor, como una última bendición materna. Pero cuando se abrazan, Parsifal se separa de un salto: ha visto en su mente la herida d Amfortas, y bajo la sangre ardiente ha visto el lamento del Salvador. Empuja a Kundry a un lado después de darse cuenta del engaño. Entonces Kundry le suplica que se apiade de ella ¡Hace tanto que le espera!. Una vez, en su camino lleno de sufrimiento, ella se encontró con el Salvador y se rió de él. Desde entonces, no puede deshacerse de esa risa a menos que consiga seducir alguna víctima a pecar. Ella debe ser amada y redimida. Parsifal se indigna ante tal blasfema. Ahora lo ve todo con claridad. Quiere volver a Amfortas. Ella le promete enseñarle el camino de vuelta, a cambio de que Parsifal le conceda una hora de amor. Rechazada embriagada de furia, Kundry convoca a todos los caminos del mundo para que se cierren ante él que la ha despreciado. Klingsor intenta matar al incauto joven con la Lanza, pero Parsifal logra quitársela y, haciendo la señal de la cruz, pone fin al encantamiento del castillo de Klingsor.
 
Acto III
El claro en el bosque. Es primavera, Gurnemanz ya es anciano. Vive como ermitaño en la frontera del territorio. Un quejido atrae su atención. Suena como el lamento de una bestia salvaje. Se trata de Kundry, que ha vuelto de nuevo, rígida y tiesa como si estuviera muerta. Gurnemanz la despierta y la consuela. Ella sólo quiere servir. ¡Pero el Grial ya no es lo que era, y apenas hay mensajes que llevar! ¿Quién es este que se acerca ahora, con armadura negra y una lanza en su mano? Se detiene, clava la lanza en la tierra y se arrodilla, Gurnemanz le reconoce: es el que hace mucho tiempo disparó al cisne. ¡Y la lanza ha vuelto!
Su camino ha sido arduo: una maldición le hacia siempre perderse por los caminos. Pero ha llegado para que Gurnemanz le diga: Amfortas desea morir incluso aún más; ya no celebra el Grial, privados del consuelo divino, los Caballeros han entrado en decline; Titurel está muerto. Exhausto, física y emocionalmente, Parsifal está a punto de derrumbarse. Kundry ha ido a buscar agua del manantial para lavarle los pies. Ahora Gurnemanz debe derramar el agua pura sobre su cabeza. Después, los tres se dirigirán a Monsalvat, donde Amfortas, para el funeral de su padre, debe descubrir el Grial por última vez. Kundry ha untado los pies de Parsifal con un bálsamo y se los ha secado con sus cabellos. Así Parsifal se convierte en Rey. Como primer acto de su nueva mandatura, bautiza a Kundry. Con la cabeza inclinada hacia adelante, Kundry llora, y Parsifal observa con emoción la belleza de la pradera que le sonría. Se trata del encantamiento del Viernes Santo: el rocío sobre las flores, las lágrimas del pecador, la sangre del Salvador. Las campanas del medio día replican. Es hora de irse.
En lugar de celebrar el oficio sagrado, Amfortas se lamenta y maldice a sí mismo. Fue él quien causó la ruina de su padre. ¡Que el sagrado Titurel interceda con el Salvador para que así el pecador pueda morir por fin!. Los caballeros le apremian para que descubra el Grial. Con un dolor delirante, se niega a hacerlo. Se desgarra las ropas y muestra la herida que sangra, incurable. ¡Que le maten y el Grial volverá a la vida!
Parsifal se ha adelantado. Sostiene la lanza que tiene el poder de curar la herida que ella misma ha provocado. Toca a Amfortas con ello. Parsifal descubre el Grial. Kundry cae al suelo, muerta. Todos se arrodillan para rendirle honores reales.

Parsifal

Parsifal
Parsifal, WWV 111
Le Chevalier aux Fleurs 2560x1600.png Parsifal en el jardín mágico de Klingsor, Le Chevalier aux Fleurs de Georges Rochegrosse (1894, Musée d'Orsay, París).
GéneroBühnenweihfestspiel o festival sagrado para la escena
Basado enlos poemas Parsifal y Titurel de Wolfram von Eschenbach
Actos3 actos
IdiomaAlemán
Música
CompositorRichard Wagner
Puesta en escena
Lugar de estrenoFestspielhaus Bayreuth
Fecha de estreno26 de julio de 1882
Personajes
Coroparticipación destacable[2]
Libretistael compositor
Duración4 horas y media
Acto I - Preludio (Vorspiel)
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Acto I - Escena de la transformación
 
 
Acto II - Escena de la doncella de las flores
Interpretadas por la orquesta del Festival de Bayreuth y dirigidas por Karl Muck.
 
Acto III - Preludio
 
 
Acto III - Escena de Viernes Santo
Interpretadas por la orquesta de la Staatsoper Unter den Linden y dirigidas por Karl Muck.
 

Parsifal es una ópera en tres actos con música y libreto en alemán de Richard Wagner. El compositor lo calificó de «Festival Escénico Sacro». Esta ópera se basa en el poema épico medieval (del siglo XIII) Parzival de Wolfram von Eschenbach, sobre la vida de este caballero de la corte del Rey Arturo y su búsqueda del Santo Grial. Wagner concibió la obra en abril de 1857 pero sólo la completó 25 años después, estrenándose en el Festival de Bayreuth el 26 de julio de 1882 (al estreno asistirían, entre otros, Vincent d'Indy y Ernest Chausson).

 Historia

] Composición

Wagner leyó por primera vez el poema de Wolfram von Eschenbach en Marienbad en 1845. Influenciado por la concepción filosófica del mundo contenida en los trabajos de Arthur Schopenhauer en 1854, Wagner se mostró interesado en las filosofías orientales, particularmente el budismo. Tras leer la obra de Eugène Burnof Introduction à l'historie du buddhisme indien en 1855/56, escribió Die Sieger (Los victoriosos, 1856), un boceto de una ópera basada en una historia de la vida de Buda. Los temas que luego serían explorados en Parsifal de reencarnación, compasión, renuncia a uno mismo e incluso los grupos sociales (castas en Die Sieger, los Caballeros del Grial en Parsifal) fueron introducidos en Die Sieger.
De acuerdo con su propio relato, recogido en su autobiografía Mein Leben, Wagner concibió Parsifal en la mañana del Viernes Santo de 1857, en la residencia que Otto von Wesendonck, rico comerciante de sedas y generoso patrón, había dispuesto para Wagner. Parece probable que el que Wagner dijera que se había inspirado un Viernes Santo para componer la ópera no sea más que una licencia poética. Sea como sea, se acepta que el trabajo comenzó en la residencia que le había cedido Wesendonck durante la última semana de abril de 1857.
Parsifal, por Hermann Hendrich.
Tras este primer boceto, Wagner no volvió a trabajar en Parsifal durante ocho años, durante los cuales completó Tristán e Isolda y empezó Los maestros cantores de Núremberg. Entre el 27 y el 30 de agosto de 1865, retomó Parsifal y completó un pequeño boceto de la obra. Este boceto contenía un breve resumen del argumento y detallados comentarios sobre los personajes y temas del drama. Una vez más, el trabajo fue abandonado durante otros once años y medio. Durante este tiempo, Wagner dedicó la mayor parte de sus energías al ciclo del El anillo del nibelungo, el cual completó en 1874. Sólo cuando su gran obra fue estrenada, Wagner encontró tiempo para dedicarse a Parsifal. El 23 de febrero de 1877 terminó un segundo y más extenso boceto de la obra, que el 19 de abril del mismo año había transformado en un libreto en verso (o «poema», como Wagner prefería llamar a sus libretos).
En septiembre de 1877 empezó la música componiendo dos bocetos de la partitura desde el comienzo hasta el final. El primero de estos borradores (conocido en alemán como Gesamtentwurf) fue hecho a lápiz en tres pentagramas, uno para la voz y dos para los instrumentos. El segundo borrador (Orchesterskizze) fue realizado en tinta y con tres a cinco pentagramas según la parte. Este boceto estaba mucho más detallado que el primero y contenía un grado considerable de elaboración de la parte instrumental.
El segundo borrador lo inició el 25 de septiembre de 1877, solo pocos días después del primero. En ese momento de su carrera, a Wagner le gustaba trabajar en los dos borradores a la vez, cambiando entre uno y otro. Una vez acabados los borradores, Wagner terminaba la partitura final (Partiturerstschrift).
Wagner compuso los actos de Parsifal de uno en uno, y hasta que no terminaba completamente uno no pasaba al siguiente.

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