“La Gallega”(Argentina): una fábrica de pastas a la que el tiempo le otorgó un toque femenino

“La Gallega”(Argentina): una  a la que el tiempo le otorgó un toque femenino

Cuando falleció el propietario de este tradicional comercio juninense, su ex mujer y sus hijas tomaron las riendas del emprendimiento, quienes lograron seguir adelante y hoy mantienen este negocio que ya tiene una trayectoria de 20 años.

domingo, 15 de enero de 2012
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“La Gallega”: una fábrica de pastas a la que el tiempo le otorgó un toque femenino
Alejandra Marchetta y su hija en el interior de la fábrica de pastas.
Los caminos de la vida son inescrutables y Alejandra Marchetta puede dar cuenta de ello.
Desde chica, odiaba la harina porque su madre se pasaba el día en su casa de la localidad de Leandro N. Alem haciendo pastas para afuera y su cocina estaba siempre blanca por el polvo esparcido por todas partes, además del olor a fritura que salía de las sartenes en las que hacía pastelitos.
Sin embargo, muchos años más tarde, circunstancias familiares la llevaron a tener que ponerse al frente de una fábrica de pastas, junto con sus hijas, en una pirueta del destino que la puso en un lugar similar al que otrora rechazaba.
Hoy, al mirar el camino recorrido, acepta su destino con entereza y muestra su satisfacción por lo que pudo conseguir.
El origen
Corría el año 1991 cuando Daniel Gallego, un recordado futbolista del club Mariano Moreno (hoy fallecido), cayó en la cuenta de que su tiempo en la fábrica de pastas donde trabajaba estaba agotado, por lo que decidió tomar un nuevo rumbo y abrir su propio negocio, dentro del mismo rubro.
Su ex mujer, Alejandra Marchetta, recuerda que con gran entusiasmo armaron, juntos, “La Gallega”, donde amasaban tallarines y ravioles en un pequeño local de la calle Colombia 422, en el barrio El Molino.
“Arrancamos con un fuentón y era todo a mano y a pulmón”, evoca Alejandra.
Eran tiempos de poner todo de sí, trabajando en un local que en un principio estaba sin terminar, en donde los avances se fueron llevando a cabo muy de a poco.
Los primeros pasos
Desde que comenzó a funcionar el negocio se trabajó con el amasado de pastas rellenas y tallarines.
“Acá trabajábamos solamente nosotros dos y a veces venía un muchacho a ayudarnos: siempre fue todo muy artesanal”, resume Alejandra.
Además, se sumaba su madre que venía de su ciudad, Leandro N. Alem, y les daba una mano con la manufactura de los ravioles, que se hacían a mano, sobre un tablón.
Alejandra cuanta que todo era con mucho empuje, intentando juntar dinero peso por peso, para progresar en el comercio. “Fue siempre muy sacrificado -dice-, ‘rasqueteábamos’ de donde podíamos y fuimos comprando una máquina, después otra, pudimos edificar y terminar el local, y todo con un esfuerzo enorme porque arrancamos de cero”.
Más tarde consiguieron una “Pastalinda” grande, lo que les permitió hacer una mayor cantidad de tallarines, hasta que alcanzaron a comprar la raviolera, todo paso por paso: “Transcurrieron algunos años hasta que pudimos despegar, aunque nunca dejó de ser sacrificado y siempre vivimos para el negocio”.
Idas y vueltas
Daniel siempre fue una persona de una dedicación total a su trabajo, que en su afán de progresar no ahorraba esfuerzos.
Es por ello que le brindó mucho tiempo y energía a este proyecto, lo que le permitió -en un momento- poner una fábrica un poco más grande en sociedad con otra persona.
De esta manera, el local de la calle Colombia quedó como una de las bocas de expendio de los productos, atendido por Alejandra.
“El puso todo de sí en esto y yo era su mano derecha porque estaba acá y lo ayudaba en todo”, explica ella.
No obstante, cuestiones personales y diferencias comerciales hicieron que se separara de su socio y debiera volver a ponerse al frente del negocio del barrio El Molino.
Hacerse cargo
Daniel regresó a “La Gallega” con el mismo empeño y la misma dedicación de siempre, lo que le permitió mantenerse en el negocio y hacerse un nombre dentro del rubro en Junín.
Pero en diciembre de 2008, perdió la vida en un accidente automovilístico, lo que resultó un golpe durísimo para su familia e hizo tambalear el futuro de la fábrica de pastas.
En ese entonces, Daniel y Alejandra estaban separados, lo que aumentaba la sensación de incertidumbre con respecto al destino del negocio, que hasta ahí estaba comandado solamente por él.
“Acá estaba todo lleno de mercadería para trabajar en las fiestas -rememora Alejandra-, y no se podía dejar pasar mucho tiempo porque se ponía todo feo, entonces teníamos que tomar una decisión rápida”.
Se reunió con sus hijas, hicieron un análisis de la situación, charlaron sobre el tema, y aún shockeadas por la muerte de su padre y marido, resolvieron tomar las riendas de la fábrica y seguir adelante con el emprendimiento, por su futuro y por la memoria de Daniel.
Así fue como, a los pocos días, Alejandra y sus hijas que entonces tenían 15 y 7 años, se hicieron cargo del negocio.
Era el 24 de diciembre de 2008.
“Arrancar nosotras solas fue muy bravo”, reconoce Alejandra.
Encima, como en la época que falleció Daniel no estaban juntos como pareja, ponerse detrás del mostrador trajo una carga extra, según cuenta: “Hubo gente que me miraba raro por estar yo en el negocio, porque él nació prácticamente acá, pero nosotras seguimos adelante. Es que con las chicas siempre fuimos muy compañeras, nunca nos dividimos y eso fue importante para no bajar los brazos”.
Justamente, el momento en el que hubo que volver a empezar fue uno de los más difíciles, en donde todos los esfuerzos parecían insuficientes y los interrogantes se renovaban a diario.
“Por momentos pensábamos en no seguir porque era muy complicado -reconoce hoy Alejandra- y en alguna oportunidad hasta fui a buscar un posible comprador, a un amigo de Daniel que trabaja en otra fábrica de pastas, que era la única persona a quien él hubiera aceptado vendérselo”.
Sin embargo, este eventual comprador prefirió rechazar la propuesta. “Daniel siempre decía ‘si algún día yo no estoy, tiene que quedar ella’, por eso tenés que seguir vos”, fue la respuesta que recibió Alejandra.
A partir de esa contestación, supo que este sería su lugar: “Un poco me tuve que acostumbrar a este trabajo, pero ahora me gusta, sobre todo el contacto con la gente. Acá me siento como en mi casa, estoy muy cómoda”.
De ayer a hoy
Como sucede siempre en los negocios, cuando cambian los que están a cargo, se generan modificaciones en la producción.
Sin embargo, las pastas de “La Gallega” siguen manteniendo los estándares de calidad.
Donde sí se advierten virajes en el rumbo, es en la forma de trabajo.
“El siempre fue muy meticuloso -explica Alejandra- y le dedicaba todo el día al negocio, pero desde que estoy yo al frente tratamos de hacer las cosas bien, pero sin desesperarnos”.
En la actualidad, trabaja junto con sus dos hijas más grandes y un ayudante que hace las pastas, aunque los rellenos, los ñoquis y el resto de las actividades están a cargo de Alejandra.
“Esto es muy familiar, nos arreglamos entre nosotras”, afirma.
En tanto, al hacer un análisis del momento comercial que están atravesando, señala que “en algún momento se pudo hacer una pequeña diferencia, que siempre fue reinvertida en el negocio, pero ahora está muy tranquilo, no hay tanto movimiento”.
Balance
A partir del momento en que las mujeres de la familia debieron responsabilizarse por la fábrica, sostenerse a pesar de los vaivenes económicos fue un objetivo que pudieron cumplir durante tres años de manera ininterrumpida.
“Desde que empezamos logramos que se mantenga, estamos más tranquilas en la semana y con mucho trabajo los fines de semana, principalmente los domingos”, señala Alejandra.
Es que -precisamente- los domingos, los días en que el común de la gente descansa, es cuando este negocio más trabaja. “Como es el día que te entra la plata para pagar las cuentas, una viene contenta a trabajar”, dice Alejandra entre risas, para después ampliar: “Esto es muy esclavo, los sábados no se puede salir porque el domingo hay que arrancar temprano, pero siempre fue así”. Con todo, la satisfacción de las chicas del lugar pasa, entre otras cosas, porque “hoy viene gente de otros barrios a buscar la pasta acá”.
Por eso Alejandra asevera que actualmente está “más conforme, más tranquila, más cómoda con el trabajo”.
Al momento de evaluar el momento que le toca vivir hoy, haciendo una retrospectiva desde sus orígenes hasta el presente, el balance que hace es altamente positivo: “Yo soy de Alem y de chica nunca supe qué quería hacer de mi vida; para colmo me casé joven y me vine a vivir acá. Mi mamá siempre hizo pastas para afuera y yo odiaba la harina porque la cocina de mi casa estaba toda blanca, o por ahí, a los 15 o 16 años renegaba porque mi madre hacía pasteles y yo tenía que salir y me quedaba la ropa con olor a fritura, entonces protestaba. Y ahora terminé en lo mismo. Se ve que esto era lo mío”.
http://www.diariodemocracia.com/notas/2012/1/15/gallega-fabrica-pastas-tiempo-otorgo-toque-femenino-29736.asp
Presea alienta a Corredentoras - El Mercurio de Cuenca Noticias Tiempo Ecuador Azuay

La hermana Enma Montero, una de las fundadoras de la congregación Misioneras de María Corredentora, junto con Gisela Robles, en la fábrica de fideos(Ecuador). ACR

Presidente Rafael Correa no asistirá a Sesión del 12 de abril por los 457 años de la fundación de Cuenca.
En la Comunidad Misioneras María Corredentora, ubicada en el sector Feria Libre, la noticia de que recibirán la presea “Virrey Hurtado de Mendoza” les alegró, jamás imaginaron que estos 50 años de labor social sin fines de lucro podrían ser reconocidos.
 Desde abril de 1964, en que se constituyeron oficialmente, apoyan a las madres solteras, hasta que ellas puedan mantenerse por sí solas, para lo cual crearon emprendimientos dentro de sus instalaciones: una fábrica de fideos, panadería y taller de costura. Y mantienen el Centro Infantil (guardería) “Perpetuo Socorro” con 110 niños y el Centro Educativo Inicial “José Fidel Hidalgo” con 60 niños.
Presea alienta a Corredentoras

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