Etiquetar productos convencionales como sostenibles solo puede confundir al consumidor-La Ú𝗡𝗜𝗖𝗔 producción sostenible, según el reglamento europeo, es la 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗰𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮.
El Govern promueve una certificación para distinguir la “producción agraria sostenible” que topa con el rechazo del sector de la alimentación ecológica, al estimar que puede generar “confusión” al ciudadano.
La guerra de los sellos alimentarios: sostenible versus ecológico
ALIMENTACÓN Y MEDIO AMBIENTE
El Govern promueve una certificación para distinguir la “producción agraria sostenible” que topa con el rechazo del sector de la alimentación ecológica, al estimar que puede generar “confusión” al ciudadano

Lentejas con el reconocimiento del sello de alimento ecológico, reconocible con la hoja del reglamento europeo de productos ecológicos

¿Estamos ante una guerra de sellos alimentarios? Eso parece, vista la controversia que está suscitando el plan del Govern para promover una certificación de “producción de agraria sostenible”. La iniciativa topa con la oposición del sector de la producción ecológica, que cuenta con un sello consolidado y respaldado por un reglamento europeo, y cuyos productos son certificados por el Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE).
La implantación de la nueva certificación oficial voluntaria persigue identificar aquellos alimentos (agricultura y ganadería) que provengan de la “producción agraria sostenible” (PAS), según explica Rosa Altisent, directora general de Agricultura.
La intención es definir una norma técnica con reconocimiento de la UE; y con este fin, se ha presentado la documentación a la oficina europea de patentes y marcas, como paso previo a la redacción del proyecto legislativo.
“Ahora estamos en la fase final de aprobación de la reglamentación para poner en marcha esta certificación y llevarla a los mercados”, añade Altisent.
Una radiografía de las explotaciones para medir los avances
¿Pero qué es una producción “sostenible”? El sello oficial implicaría que el productor ha tenido en cuenta diversos indicadores, como el empleo de determinadas técnicas sobre aplicación de productos fitosanitarios, fertilizantes, sistemas de riego o ahorros de energía…
La norma medirá no solo el vector ambiental sino también el económico y social para establecer el grado de sostenibilidad de la explotación, con tres categorías (niveles A, B y C), de manera que el nivel A sería “el de mayor grado de sostenibilidad”.
Al consumidor solo le llegará la etiqueta en aquellos casos en los que el producto haya obtenido una categoría A, la más alta.
“El agricultor y ganadero tendrán una radiografía de la actividad de su explotación. Sabrán qué debe hacer para aumentar sostenibilidad en ella y cuáles son las prácticas que se puede llevar a cabo para pasar al escalafón superior” explica Altisent.
Se trata de ir más allá de la agricultura convencional con un norma que vendría a dar relevo a la agricultura integrada, que se centra en hacer un uso más racional de los plaguicidas químicos que en la producción convencional, y haciendo un uso de los abonos químicos ajustados a la normativa.
En el escenario final, habría pues una producción convencional, otra “sostenible” y otra la ecológico o biológica (ya definida y reglada).

La nueva norma no solo se refiere a aspectos medioambientales, sino que incorpora la sostenibilidad socio-económica
Las empresas vinculadas a la producción agraria ecológica precisan que no están en contra de que el Govern apoye las prácticas agronómicas con menos impacto ambiental. Pero no quieren que eso se traduzca en una certificación o aval que llegue a la venta pública y al consumidor, porque entienden que “generará mucha confusión con los productos ecológicos” ahora a la venta, señala Montserrat Escutia, presidenta de la Asociación Vida Sana.
Escutia teme que aumente la confusión en un momento en que el consumidor es asediado con denominaciones como “alimentos regenerativos”, “kilómetro 0”, “agroecológico” o “de proximidad”. Y, por eso, rechazan de plano que se use esa denominación.
La directora general d’Agricultura replica: “La norma sobre producción agraria sostenible tiene una visión más amplia, un campo de medición más grande, pues no solo se refiere a aspectos medioambientales, sino que implica la huella ecológica, el consumo de agua o la sostenibilidad socio-económica, por lo que enriquecerá la producción agraria de nuestro país”, sostiene Altisent.
Rechazan que se llame “sostenible” un alimento para el que se han empleado pesticidas
Los productores en ecológico rechazan la nueva certificación porque temen, además, que pueda transmitir la idea de que cualquier pequeño esfuerzo de mejora puede dar pie a que el producto merezca el calificativo de “sostenible”, sin que los consumidores sepan diferenciarlo del producto “ecológico”, un certificado muy exigente y para el que el productor debe hacer un verdadero esfuerzo.
Los productos ecológicos son los que prescinden de pesticidas químicos (insecticidas, herbicidas, fungicidas) y de fertilizantes sintéticos así como de transgénicos. Además, respetan los ciclos de la naturaleza y rotan los cultivos para aprovechar los nutrientes propios de la tierra.
Además, rechazan que se pueda catalogar de “sostenible” un alimento que emplee en su producción pesticidas y plaguicidas químicos (aunque sea de manera más moderada) así como abonos químicos. Para frenar esta certificación, estos sectores han promovido denuncias contra el reconocimiento de la oficina europea de marcas y patentes, así como contra el logotipo de la PAS.
El sector está sufriendo un acoso, pues la única producción sostenible, según el reglamento europeo, es la ecológica
Alejandro Guzmán, gerente de Ecocentral, que provee alimentos agroecológicos en 110 escuelas, sostiene que el sector de la alimentación ecológica “está sufriendo un acoso, pues la única producción sostenible, según el reglamento europeo, es la ecológica, pero “el propio departamento se está apropiando de la palabra sostenible”.
Guzmán opina que el nuevo certificado es “una competencia desleal para el sector ecológico porque puede hacer pensar al consumidor que los alimentos con ese sello son los verdaderamente ‘sostenibles’ excluyendo a los ecológicos”.

Los dos modelos
Producción agraria sostenible. (PAS) El Govern está trabajando para ofrecer una certificación pública y voluntaria para ofrecer este sello. Esto implicaría que el productor ha tenido en cuenta diversos indicadores ambientales (determinadas técnicas sobre aplicación de productos fitosanitarios, fertilizantes, sistemas de riego o ahorros de energía…). La norma medirá también el vector económico y social para establecer el grado de sostenibilidad, con tres categorías de explotaciones.
Producción ecológica. También llamada biológica u orgánica, prescinde de los pesticidas químicos (insecticidas, herbicidas...) así como fertilizantes de síntesis o organismos modificados genéticamente. Cuenta con un reglamento europeo desde 1993. Las inspecciones de control las hace el Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (Ccpae), una corporación de derecho público tutelada por la Geeralitat, y encargada de auditar y certificar estos productos agroalimentarios.
El estancamiento en el número de operadores
El sello es visto como una “amenaza” por las empresas y entidades del sector, según he hecho saber al conseller Òscar Ordeig en una carta firmada por Unió de Pagesos, L’Era, Vida Sana, la Associació Empresarial per l’Agricultura Ecològica, la Societat Espanyola d’Agricultura Ecològica y Agroecologia, y las Cooperativas de Consumidores Agroecológicos. Toda ellas han creado la plataforma Fulla Verda para hacer oír su voz.
Todas ellas se muestran además preocupadas por “el repentino estancamiento del sector”. Este había crecido a un ritmo de 13% anual de media en número de operadores (productores, elaboradores, importadores, comercializadores…) entre 2001 y 2021, pero esta cifra se ha reducción a un 2% en 2022 y un 5% en 2023, mientras que en 2024 ha bajado (43 elaboradores menos). Por todo ello piden más apoyo institucional para cumplir los objetivos estratégicos marcados.
El riesgo de 'greenwashing' del sector alimentario
La ralentización del sector ecológico se produce en un momento en que debería darse un impulso para alcanzar los ambiciosos objetivos marcados para el año 2030, lo que implica, necesariamente, ayudara a toda la cadena de valor del sector.
En este sentido, estas entidades resaltan que, en cuanto al volumen de facturación, “es especialmente preocupante la ralentización en subsectores como la hortofrutícola, cereales y cultivos herbáceos, frutos secos, comercio minorista, productos cárnicos, piensos y avicultura”.
También se ve un estancamiento en el número de operadores no dedicados directamente a la producción (es decir, elaboradores, comercializadores, importadores y minoristas) lo que demuestra “un preocupante freno del consumo”.
Estos sectores, piden, frente a la “amenaza” de la PAS, que se busque un nombre alternativo para la denominación del nuevo sistema productivo “que no genere confusión entre las personas consumidoras”.
Señalan que el término sostenible, referido a un sistema de producción agraria “puede suponer una forma de legitimar, por parte de la administración, el greenwashing del sector agroalimentario.
También piden un impulso a la compra verde pública de alimentos ecológicos, “lo que supondría un fuerte estímulo para el consumo y un motor para aumentar la oferta y, por tanto, la superficie dedicada a la producción ecológica”.
Isidre Martinez, experto en producción ecológica
“Etiquetar productos convencionales como sostenibles solo puede confundir al consumidor, especialmente si quien lo hace es la propia Administración”
““Lo que no quiere el sector agroalimentario ecológico es que haya un reconocimiento a una agricultura que se quiera denominar como sostenible cuando en realidad se trata de una producción convencional en la que se pueden seguir utilizando pesticidas sintéticos, abonos químicos o todos los medicamentos o aditivos, aunque incorporando buenas prácticas”, señala Isidre Martínez, experto en la materia y que dirigió la unidad de producción ecológica en el Departament d’Agricultura.
Martínez considera que el intento de dar impulso a prácticas más favorables y con menor impacto ambiental es “correcto” y juzga incluso “interesante” que las explotaciones sepan en cada momento su situación y las posibilidades de mejora futura.
“El problema es que alimentos producidos con prácticas convencionales, aunque las que se apliquen sean buenas, puedan llevar al consumidor un sello de producción sostenible”, señala.
“Este reconocimiento lo limita la UE a los alimentos producidos de forma ecológica, que es un sistema de producción con prácticas más exigentes, y que incluyen la prohibición de usar pesticidas de síntesis, y que alcanzan un mayor nivel de excelencia, valorando su impacto ambiental o la menor presencia de residuos de pesticidas, antibióticos y aditivos a alimentarios”, añade.
“Etiquetar productos convencionales como sostenibles solo puede confundir al consumidor, especialmente si quien lo hace es la propia Administración”, continúa.
La propuesta de crear este sello de agricultura sostenible es una iniciativa que parte de algunos técnicos, que se desarrolla inicialmente a base de un encargo al IRTA, pero no nace del sector agrícola ni existía como propuesta política. “Es un invento de algunas personas de la Conselleria en el que no han participado ni los productores ni los técnicos del sector ecológico, contrarios a esta iniciativa”, señala.
Martínez afirma que la producción sostenible, en realidad, es una evolución de la producción agraria integrada, un sistema que existe en Catalunya con sello oficial desde los años noventa y que consiste en una producción convencional con un uso racional de los plaguicidas químicos. El sello de esta opción, sin embargo, no ha tenido eco en el consumidor (se presentó como ‘una agricultura convencional, pero bien hecha’, lo que genera desconfianza en el consumidor). La producción sostenible, treinta años después, quiere repetir este mismo esquema: “Esta es la producción integrada 2.0”, resume este experto. “Y ahora lo intentan de nuevo con la palabra sostenible y con un sistema de producción que puede ser asumido por empresas convencionales que no podrían cumplir las normas exigentes de la producción ecológica, con lo cual estas podrán presentarse ante el consumidor con un sello para poder decir que no es un producto convencional, sino mejor...”.
La alternativa, según Martínez, sería que los productores convencionales con un mejor desempeño perciban más ayudas públicas, “pero que no se intente confundir o engañar al consumidor”. “La Unión Europea tiene reconocido el sistema de producción ecológica para aquellos consumidores que quieren alimentos seguros y en línea con el cuidado del medio ambiente. Si el Govern está preocupado por estos temas, debe dedicar más esfuerzo en apoyar a los productores y al sector agroalimentario ecológico de Catalunya”.
https://www.lavanguardia.com/natural/20260303/11479100/alianza-30-entidades-civicas-reclama-plan-restaurar-naturaleza-gobierno.html



